Testimonio de Esther Sáez: Atentado 11 m

¡Muy buenas a todos!

Hoy vengo a hablaros de un suceso de hace unos años del que seguro que todos vosotros os acordaréis: el atentado del 11 de marzo del 2004 en Madrid.

El pasado jueves, Esther Sáez, una de las personas que sufrió todo aquello en primera persona vino a la Universidad a dar una charla coloquio. Nos contó cómo vivió tanto ella como su entorno el antes, el durante y el después.

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Empezó siendo una mañana cualquiera. Se dirigía a trabajar, cogía el mismo tren de siempre en la estación El Pozo, a la misma hora y se sentó en el mismo sitio que de costumbre puesto que lo tenía perfectamente localizado.

Esther fue una de las dos supervivientes que viajaba en un vagón junto con otras 50 personas que resultaron muertas en el acto. A su lado explotó una de las dos bombas que estaba colocada en ese vagón.

Como todos imaginaréis fue una situación realmente dura, pero ella era consciente de todo lo que la rodeaba; incluso del cuerpo sin vida de un chico de unos 20 años de edad que estaba a su lado. No se podía mover y tuvieron que sacarle entre dos personas que se dirigían a coger otro tren en esos momentos.

“Es un estallido por dentro y lo que ves es destrucción”

Esther ha tenido trece cirugías y ahora en septiembre tendrá la número catorce. Los primeros cinco días tras el atentado estuvo en coma inducido. Tuvieron que despertarla ya que, a raíz de las quemaduras sufridas, tuvieron que proceder a hacerle una traqueotomía. Al segundo día de despertar ella no podía oír, ver de un ojo y tampoco moverse; le dolía todo. Como todavía era muy pronto para decirle nada ella supuso que, como viajaba mucho en avión, lo más seguro es que hubiera sufrido un accidente aéreo.

Por aquél entonces, debido al coma inducido y a los fuertes daños cerebrales que sufrió,  ni siquiera se acordaba de que tenía hijos. “Esa fue una de las cosas que mayor dolor me produjo.” – nos contaba.

Por otra parte su marido, cuando se enteró del atentado, llamaba insistentemente a un móvil del que no obtuvo respuesta.  Horas más tarde este recibió una llamada desde el hospital donde ella se encontraba. Al principio, “me daban 24h de vida”. Más tarde, cuando hubo que operarla, estos mismos le dijeron a su marido que debía estar preparado ya que lo más seguro es que la operación no saliera bien. Y cuando salió, las únicas palabras que su marido oía eran aquellas de que Esther se iba a quedar tetrapléjica.

“He tenido que aprender a escribir, a hablar, a escribir mi nombre, el de mis hijos e incluso he tenido que leer el Principito”. Pero finalmente, todo salió bien.

Cuando ella se enteró de todo lo ocurrido sentía mucha rabia, impotencia y enfado. Pero entendió que el Señor estaba con ella y que la única manera de salir de ella era con él. Es más, perdonó a los terroristas desde un primer momento ya que comprendió que ella no era quién para juzgar la vida de nadie sin saber las circunstancias que estaban viviendo.

“Tengo un 67% de minusvalía, me han operado hasta en 13 ocasiones y sufro dolor crónico, pero soy una persona inmensamente feliz”.

Fue duro escuchar una historia así, pero muchas veces son este tipo de historias las que nos hacen ver que todo es posible.

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