Erasmus en Helsinki

“Lo que viví durante esos cinco meses lo llevaré siempre conmigo. Al igual que una parte de mí permanecerá allí para siempre”

Me acuerdo que meses antes de irme a Helsinki un amigo me dijo que estaba a punto de vivir una de las mejores experiencias de mi vida. No era la primera vez que oía eso pero la verdad es que me sorprendió; al fin y al cabo no dejaba de ser un viaje con amigos. Ese era mi pensamiento hasta que pisé suelo fines. Creo que es una sensación que por más que intentase explicar, nunca conseguiría hacerlo. Y es que más que explicar o entender, es algo que se siente. Y que no lo acabas de entender hasta que lo vives. 

Elegí Finlandia buscando algo diferente. A parte de la experiencia que ya suponía todo esto, quería vivir cosas que no pudiera tener en España. Y así fue: desde auroras boreales hasta baños en el Ártico pasando por visitar a Santa Claus o ver el atardecer a la 1 a.m. 

Para seros totalmente sincera, nunca me había interesado por los países nórdicos. Pero ya sabéis, nunca digas nunca. 

Soy consciente de lo afortunadas que fuimos Andrea y yo, en todos los sentidos. Como ya expliqué en otra publicación, nosotras estuvimos en la residencia HOAS: nos tocó un apartamento para seis personas. Al principio sí que es cierto que daba un poco de vértigo compartir piso con tantas personas, gente de otras culturas -no sabéis todos lo bien que comimos con la excusa de probar- y el no saber ni quiénes eran hasta llegar allí. Pero el tiempo del Erasmus no es para tener miedo, eso es cierto. 

He de admitir que me quedé con muchas ganas de viajar. Teníamos previstos varios viajes pero, como es lógico, no pudieron ser. Cuando todo el tema de la pandemia comenzó, nosotras decidimos permanecer allí por lo que, al menos, pudimos evitar el confinamiento que se vivió en España. Decidimos hacerlo de esta manera puesto que la situación allí no estaba tan mal, la gente de por sí ya era muy cuidadosa. Ni si quiera tuvimos que llevar mascarilla. Aun así, esta situación marcó un antes y un después. Mucha gente de nuestro grupo se fue y acabamos haciendo nuevos amigos. De hecho, teníamos la sensación de haber vivido dos experiencias diferentes. 

Finalmente, y aunque haré una publicación entrando más en detalle, la universidad de allí era Haaga-Helia University of Applied Sciences. Como ya sabréis, la educación finesa se caracteriza por ser muy práctica. Y así fue, tuvimos muchos trabajos y experiencias pero apenas exámenes. 

Está claro que 2020 pisó fuerte pero a mí me ha dado la mejor experiencia de mi vida. Lo que viví durante esos cinco meses lo llevaré siempre conmigo. Al igual que una parte de mí permanecerá allí para siempre. 

El Erasmus no depende del sitio al que te acabes yendo. Depende de las personas y de la ilusión con la que lo afrontes. Es algo muy intenso pero, para aquellas personas que en nada os vayáis de Erasmus, hacedme caso de que será la mejor experiencia que viviréis en mucho tiempo. Cogedla con ganas, desconectad y dadlo todo veinticuatro siete. 

“Iba con las expectativas muy altas y se cumplieron totalmente. Sin duda, el Erasmus ha sido la mejor experiencia de mi vida”

“¡¡Hola!! Soy Andrea Gómez, estudiante del último curso de ISSA – School of Management Assistants. 

Soy una chica muy sociable y me apasiona viajar y conocer sitios y personas nuevas, por lo que el Erasmus era algo que quería hacer sí o sí desde antes de empezar la carrera, lo tenía clarísimo. Elegí Finlandia porque me parecía un lugar atractivo y quería un destino diferente a España, y, sin duda, acerté de pleno. Más allá de sus bajas temperaturas, su oscuridad, y sus fuertes nevadas, Helsinki tiene algo mágico. Claro que yo ahora la veo con otros ojos, pero desde que la pisé supe que esa ciudad iba a darme muchos momentos. Y así fue. El Erasmus es tan intenso que te regala muchas cosas. Muchos amigos, tanto españoles como internacionales, muchas risas, llantos en las despedidas, viajes, y fiesta también, para que nos vamos a mentir. Yo soy firme a eso de que no sabes lo que es hasta que lo vives. Porque por mucho que hable maravillas de la experiencia, creo que hay que vivirla para entender los sentimientos tan fuertes que se viven en apenas unos meses

Tuvimos la suerte de vivir en una residencia solo para estudiantes Erasmus dividida en pisos. Estaba tan solo a una parada en tren del centro de la ciudad y a menos de cinco minutos caminando de la residencia, y, yo, aparte de convivir con Andrea, conviví con dos chicas holandesas y dos austriacas. Esto fue una gran oportunidad para conocer más a fondo otras culturas y acabar hablando un inglés más fluido. Por no hablar de las comidas típicas que nos preparaban, claro.

La educación finesa tiene fama de ser la mejor del mundo, y, en la universidad a la que acudí, Haaga-Helia University of Applied Sciences, todo era muchísimo más práctico: en la mayoría de asignaturas hacíamos más trabajos que exámenes. Aunque solo pudiera acudir dos meses de forma presencial por la pandemia, la tecnología empleada sirvió para sacar el curso adelante de una forma exitosa. Además, la organización de estudiantes internacionales de la universidad organizaba viajes y actividades y pudimos disfrutar de una semana en Laponia dando paseos con renos, Huskies o motos de nieve, entre otros.

Además, tuve la suerte de librarme del confinamiento porque en Finlandia la situación estaba muchísimo mejor que en España, apenas había casos y podíamos disfrutar de la libertad de salir a la calle sin mascarillas y sin estar encerrados en la residencia. Aunque las universidades y bares estuvieran cerrados y varios amigos regresaran a España, decidí quedarme para poder disfrutar cuatro meses más de la experiencia. Gracias a esta situación tan diferente conseguimos hacer muchos más amigos internacionales de la residencia que apenas conocíamos antes del COVID. Además, a pesar de acabar el curso en mayo, alargamos la estancia un mes más para poder visitar ciudades y sitios de interés que no habíamos podido anteriormente por la pandemia.

Finlandia está avanzada en todos los sentidos. El transporte público funcionaba genial, la educación era muy práctica y permitía aplicar mejor los conocimientos adquiridos, la universidad era súper moderna y los fineses eran amabilísimos. Fueron todo ventajas y facilidades, la verdad. ¡Iba con las expectativas muy altas y se cumplieron totalmente!

Sin duda, el Erasmus ha sido la mejor experiencia de mi vida. Se lo recomiendo 100% a todo el mundo porque te abre la mente, te ayuda a conocer una cultura nueva y muchísima gente que, probablemente, sea para siempre.”

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